Si sufres de dolor crónico, quizás te sientes identificado: decides empezar a moverte y, al día siguiente, el dolor o la fatiga es insoportable. No es que tu cuerpo esté «roto» ni es culpa tuya, sino que el ejercicio puede ser un arma de doble filo en personas con dolor.
- El «fallo» en la alarma: En personas con dolor crónico, el sistema de protección está «desconfigurado». Tu sistema nervioso interpreta el movimiento como una amenaza. Es como si saltara la alarma de tu casa porque se ha roto un jarrón, no porque hayan entrado a robar.
- Dolor no siempre es igual a daño: Tu cerebro activa el dolor para protegerte mucho antes de que haya un daño real en los tejidos.
- El papel del fisioterapeuta: Mi trabajo es encontrar tu «Ventana Terapéutica»: ese punto exacto donde el ejercicio crea un cambio positivo sin que suene la alarma. No se trata solo de levantar peso, sino de enseñarle a tu cuerpo que moverse es seguro. Trabajamos por debajo de ese umbral para no hacer sonar la alarma y vamos aumentando esa tolerancia.
No tires la toalla. Si el ejercicio te hizo daño, es que la dosis o el tipo de ejercicio no era el más adecuado para ese momento.
¿Te ha pasado esto alguna vez?
No dejes que el miedo al dolor te detenga. Hablemos y busquemos juntos tu punto de partida seguro.