El mayor reto de la fibromialgia es la incomprensión. Pero que sea una «enfermedad invisible» no significa que no sea real. La neurociencia demuestra que es un problema de cómo el sistema nervioso procesa la información.
- El volumen al máximo: nuestro cuerpo tiene unas sustancias que van a hacer que aumente el “volumen” del dolor o que disminuya en función de lo que considere necesario. En la fibromialgia, los niveles de Sustancia P (sustancia encargada de aumentar el volumen del dolor) son hasta 3 veces más altos de lo normal. Esto se refleja en una hiperalgesia o aumento de la sensibilidad y es la razón por la cual una caricia puede resultar dolorosa.
- Fallo en los filtros: El cuerpo pierde la capacidad de producir sus propios analgésicos (o sustancias que bajan el dolor como serotonina y noradrenalina). El filtro no funciona y todos los mensajes de dolor pasan sin control.
- Sensibilización Central: Tu sistema nervioso se ha vuelto un experto en detectar peligro. Confunde señales, y aunque no haya daño en el tejido activa la alarma y produce dolor, y este dolor aunque no se vea en una prueba de imagen es real.
Entender que el problema es neuroquímico cambia el enfoque: dejamos de buscar «el músculo roto» y empezamos a tratar el sistema nervioso a través de la educación, el sueño y el movimiento gradual.
Se ha observado mediante resonancia magnética funcional que la fibromialgia cambia la estructura del cerebro: existe una menor densidad de materia gris en zonas de control emocional y una hiperconectividad en las áreas que procesan el dolor. Tu cerebro no se lo inventa, tu cerebro se ha remodelado para sobrevivir al dolor (neuroplasticidad).
Tu dolor tiene una explicación científica y merece ser escuchado.
Si buscas un abordaje que entienda tu química cerebral y no solo tus huesos, estoy aquí para ayudarte.